domingo, 8 de abril de 2012

LA CABAÑA

Cansado del estilo de vida que llevaba, Marcos mandó todo a la mierda y un día tomo unas cuantas pertenencias, algo de ropa y las llaves de la cabaña que tenía en lo profundo del bosque que se encontraba a unos mil kilómetros de la ciudad en la cual vivía. 

Con unos 53 años encima Marcos había sobrevivido a dos separaciones, la muerte de uno de sus tres hijos que falleció en un accidente aéreo, una quiebra por malas inversiones, el rompimiento con sus amigos más cercanos por su problema con el alcohol y las drogas que lo habían llevado a sumirse en una depresión de la que no quería salir, al contrario, se hundía en ella cada vez más, sus hijos al no poder lidiar con sus cambios intempestivos de ánimo decidieron dejarlo a cargo de uno de sus tíos el cual resulto siendo de lo peor al acolitarle sus deseos etílicos extremos y días enteros de alejarse de la realidad sumergido en drogas de todo tipo, estilo y color, cuando regresó de una semana en la que duró encerrado en el closet de su cuarto escuchando la misma canción a todo volumen una y otra vez sus vecinos cansados y preocupados llamaron a la policía y ellos intervinieron, lo llevaron a un centro de desintoxicación, el mismo en el que había estado en otras ocasiones pero con la diferencia que esta vez al despertar y preguntar por sus hijos no los vio allí, le explicaron que ellos habían dejado el país y sus ex-esposas habían viajado también, se sintió sólo, confundido, apenado, llegó a su apartamento y tomó el poco dinero que le quedaba, algo de ropa, una escopeta y dos cajas de municiones, las llaves de la cabaña que era de las pocas posesiones que aún tenía, se subió a la camioneta y decidió que se iría para no volver, a nadie le interesaba y no le interesaba nadie, Marcos había muerto en vida.

Los primeros días transcurrieron en completa normalidad, Marcos se levantaba temprano en la mañana, organizaba su pequeña cabaña, los recuerdos de tiempos mejores en compañía de las dos familias que llegó a formar se paseaban rampantes por los cuartos, la cocina y cada rincón de la cabaña, al comienzo fue difícil para él pero terminó por acostumbrarse a ellos y hasta les hablaba, duraban horas enteras conversado y discutiendo también, luego del desayuno agarraba su escopeta y salía a buscar la presa que le daría comida por un par de días, tenía una regla de oro en sus caminatas de cacería, no disparar a un animal pequeño que estuviera en etapa de crecimiento tampoco a una madre gestante y mucho menos uno que estuviera a punto de morir, solo los jóvenes y fuertes; una semana cazaba un siervo, otra un jabalí, la siguiente una liebre y así los iba intercalando, él era un buen cocinero, arte que había aprendido gracias a que desde muy joven salió de su casa para trabajar y empezar a construir su futuro por lo tanto el cocinaba su propia comida para así ahorrar al máximo y no gastar en restaurantes, luego al ir teniendo una mejor condición económica y gracias a los viajes de negocio que tenía mensualmente pudo aprender de culturas y cocina del mundo, en las reuniones familiares era el encargado de sorprenderlos con distintos platos que a todos dejaban sorprendido; detrás de la cabaña había un pequeño huerto que le suministraba de vegetales los cuales le servían de consumo propio y   los demás los vendía en una pequeña tienda de abarrotes que estaba a unos kilómetros de donde vivía y allí compraba lo que le hacía falta, su vida era muy sencilla y al parecer tenía la tranquilidad que tanto había añorado durante muchos años, en sus ratos de ocio se dedicaba a escribir sus memorias y hablar con sus recuerdos, era con los únicos que hablaba por horas enteras, nadie sabía de su paradero y no tenía teléfonos ni conexión alguna con sus allegados, Marcos despareció una mañana sin que nadie supiera de su paradero, una pequeña carta en su apartamento estaba reservada para sus hijos si algún día regresaban para saber como estaba, pero ellos no volvieron y esa carta se calcinó en un incendio pocos meses después de su partida, un incendio que en hechos confusos acabó con lo poco que quedaba de él, todos terminaron por olvidarle y siguieron su vida normalmente.

Algunos años habían  transcurrido, la barba larga y canosa, poco pelo y muchas arrugas eran parte de la imagen de Marcos, la ropa raída y maltrecha, el semblante de alguien muchísimo mayor de la edad que realmente tenía, seguía con las mismas costumbres, en la mañana organizar la cabaña, hacer su desayuno, conversar con los recuerdos que también habían envejecido al igual que él, revisar el huerto, cazar, era la monotonía en la cual se había sumergido, atrás había quedado las drogas y el alcohol, no tenía un cinturón para amarrar sus pantalones, una cabuya era la encargada de esa labor, en uno de sus paseos de caza por el bosque se encontró con un niño de unos nueve años de edad que jugaba fuera de una cabaña abandonada un par de kilómetros arriba de la suya, un pequeño riachuelo que nacía en lo más alto de la montaña pasaba al lado de aquella cabaña y a unos metros de la de Marcos, aquello fue extraño para él, pues en los años que llevaba viviendo en el bosque nunca había visto personas que merodearan por allí, el miedo que las personas tenían por aquel bosque era conocido en la región, se decía de ritos que personas extrañas de la ciudad realizaban en lo más espeso del bosque, invocaciones y sacrificios animales, algunos se atrevían a decir que sacrificios humanos también eran hechos en aquel bosque, por eso nadie se adentraba en lo profundo, sólo Marcos era el único y él no había visto ni escuchado cosas extrañas hasta aquel día que ese niño de nueve años irrumpió en su cotidianidad. 

El niño se llamaba Ricardito, en algunas ocasiones Marcos lo encontraba al lado del riachuelo en aquella cabaña abandonada, Ricardito estaba pescando o simplemente lanzando piedras, Marcos compartía de las frutas que recogía en el bosque y duraban horas hablando, el niño respondía a sus preguntas pero nunca lo miraba fijamente a los ojos, venía de una casa que estaba al otro lado de la montaña y sus padres eran unos humildes campesinos, ellos lo mandaban todos los días a pescar a esa cabaña y era allí donde se sentía seguro, Marcos le tomó cariño a Ricardito y en más de una ocasión lo invitó a su cabaña a que comiera algo y siguieran dialogando pero Ricardito siempre se negaba porque sus padres podría buscarlo y al no encontrarlo le darían una paliza al regresar a casa, también le decía que o podía llevarlo a su casa ya que tenía prohibido hablar con extraños, esto no le molesto a Marcos y así siguieron por unos meses encontrándose regularmente fuera de esta cabaña abandonada; cuando Marcos iba a la tienda de abarrotes a llevar las hortalizas y comprar lo que necesitaba les contaba a los allí presentes sobre el niño con el cual tenía largas conversaciones, ellos no le creían ya que Marcos era una persona huraña y extraña para ellos, creían que todo era producto de su imaginación y por lo tanto no le prestaron atención, el seguía con sus historias y ellos acentuaban con la cabeza cada vez que él les narraba acerca de sus encuentros, una noche que parecía tranquila en el bosque de la nada arreció una tormenta que nunca se había visto por aquellos lares, los perros de la tienda de abarrotes irrumpieron en la tienda y se resguardaron debajo de la cama de sus amos, no dejaban de aullar y mostrarse inquietos, pasados los días Marcos no regresaba a la tienda y como era el que suministraba las hortalizas y estas ya se habían acabado el dueño de la tienda decidió ir a buscarlo a su cabaña, al llegar lo busco incansablemente por todos lados, pero no lo encontraba, los arboles al rededor de la cabaña había sido arrancados de la raíz, animales muertos por el peso de los mismos o ahogados por la creciente del riachuelo, el dueño de la tienda decidió subir un poco más bordeando el riachuelo hasta llegar a la cabaña abandonada de la cual Marcos hablaba tanto y dónde decía tenía sus tertulias con Ricardito, al indagar dentro de la cabaña la imagen fue espantosa, Marcos estaba ahorcado con la cabuya que le servía de cinturón en una de las vigas de la vieja cabaña, los pantalones en colgaban de sus pies y no había explicación alguna de cómo había hecho para colgarse de semejante altura ya que no habían sillas cercanas o algo parecido para poder subirse y luego dejarse caer al vació, todo parecía ser un suicidio, los dueños de la tienda llamaron a la policía para que hiciera el levantamiento y la investigación de lo ocurrido, no encontraron huellas en el sitio del crimen, no estaba las de Marcos ni las de Ricardito, cruzaron la montaña buscando la casa del niño y tampoco estaba, la devastación del bosque solo estaba desde la cabaña abandonada hasta la de Marcos al igual que el desborde del riachuelo, no encontraban una explicación lógica, cerraron el caso y Marcos fue sepultado al lado de su cabaña pues no conocían familiares para entregarles el cuerpo, el bosque quedó de nuevo deshabitado y fue el único testigo de lo sucedido aquella noche de tormenta, pasados algunos años un grupo de jóvenes que se adentraron en lo profundo del bosque para realizar una investigación sobre la fauna y flora al llegar a la tienda de abarrotes narraron el encuentro que tuvieron con dos personas, uno era un niño de nombre Ricardito que estaba pescando en el río, el otro era un señor de avanzada edad de nombre Marcos y la descripción que dieron de él era la misma que ellos conocieron, a diferencia del niño, Marcos no pescaba, el hacía el nudo con una cabuya a modo de horca, desde aquel instante nadie más se atrevió a ir a aquel bosque, los dueños de la tienda abandonaron el negocio y la tumba de Marcos al lado de la cabaña fue comida por la espesura del bosque hasta dejarlo en el olvido.