Llevo varios días sin afeitarme, no es que me salga demasiado pero si ven de lejos me veo sucio y no tengo motivos para hacerlo, acabé el último cigarrillo y no es porque vaya dejar de fumar, es porque se me acabaron y tengo que decidir si comprar más cigarros o guardar para el bus, los ojos me arden y la causa es porque no tengo gafas y no he dormido bien, además tampoco quiero dormir aunque mi cuerpo lo exija.
La risa es eso que me acompaña desde hace muchos años y cada vez se convierte en ese complice que me ayuda a escapar de mi temores y decepciones, por leves segundos permite que me quede sin aire y pueda olvidarme de todo aquello que me ataca y molesta a diario, debo confesar que siempre he gozado de una inusitada onda de buen humor que hace llevadera mi vida y me permite compartir buenos momentos con aquellas personas que soportan la mayoría de mis estupideces pero siempre y como suele ocurrir termina por fastidiarme y permito que un halo de depresión entre en mi alma y me haga cometer errores para luego darme golpes de pecho por no haber pensado las cosas con calma, eso no es raro en mi ya que mi vida siempre ha sido así una montaña rusa al igual que la de todos los que vivimos en esta compleja madeja de sentimientos llamados vida, es imposible bajarse o pretender montar otra y disfrutar de la adrenalina que produce en cada una de sus curvas y bajadas, la mía tiene demasiados descansos y es allí donde todo se torna monótono e iracundo y me lleva a gritar improperios sobre los que pasan por mi lado y se detienen a mirar que hace una persona como yo fumando el tiempo y vociferando contra lo que no es palpable.
No tengo ni puta idea que estoy escribiendo ni porque lo hago, sé que no tiene sentido y poco me interesa si usted que se ha tomado la molestia de leerlo llega a entenderlo, si lo hace por favor debata conmigo al calor de un café campesino y árme este rompecabezas para poder dejar todo atrás de una vez por todas y seguir adelante.