martes, 28 de febrero de 2012

ZOMBIVENCIA – Un momento de locura

Afortunadamente todavía tenemos energía eléctrica, podemos escuchar las noticias que se suscitan en la radio, vemos las mentiras que los noticieros de TV que manejan los gobiernos dicen sobre la situación actual, por internet parece ser la única manera de estar al tanto de la situación real, pequeños países europeos han caído por causa del virus, Norteamérica ha desplegado todo su ejército en las calles, es una batalla campal sin precedentes, Colombia no se escapa y las ciudades lentamente se están quedando vacías, la gente huye hacia el campo y buscan refugio en los lugares más apartados de la geografía nacional, el virus y el gobierno se están apoderando lentamente del país…

Tengo un fuerte dolor de cabeza, trato de abrir los ojos, respirar duele, o entiendo que ha sucedido, estoy en el taller de la resistencia y todos me observan, la boca está reseca y pido un vaso de agua, me llevo las manos a la cabeza y siento el pelo seco, miro mis manos y están llenas de sangre, David se acerca con un vaso de agua y una pastilla para mi dolor, me explica que Emilio y Juan me encontraron en el edificio dónde estaba escondiéndome mientras bajaba la lluvia, ellos está al otro lado del cuarto y llevan puestos los uniformes de los patrulleros, todo es confuso para mí y es imposible recordar.

Los analgésicos que David me suministró me hacen caer en un sueño profundo, allí está Mariana, todo es normal, el virus nunca mutó, somos felices, la gente es feliz, la utopía es real y todos llevan vidas de prosperidad y felicidad, no hay zombis, no hay patrulleros, no hay fronteras, lo único importante es vivir como si no hubiese mañana, esto es un sueño y David me despierta súbitamente, estoy ardiendo en fiebre y no me han explicado que sucedió en ese edificio, Juan se acerca a mi lado y trata de explicar lo que no recuerdo.

Cuando yo sentía que los patrulleros estaban ingresando en el edificio me atrincheré detrás de la cama en el cuarto que me encontraba, entré en estado de shock, Juan y Emilio eran los patrulleros, al percatarse de mi ausencia en el taller salieron en mi búsqueda, desnudaron a los patrulleros y se pusieron sus uniformes, tomaron una de las motos y salieron en mi búsqueda, tenían una forma segura de poder aventurarse a las calles sin despertar sospechas, solo debían evitar a las patrullas y evitar contacto con ellas, hicieron un barrido de las calles a la redonda y encontraron los zombis que yo había dejado atrás, inspeccionaron las casas y edificios a la redonda hasta que dieron dónde yo me encontraba, empezaron a llamarme por mi nombre pero al yo estar en estado de shock no pude atender al llamado de ellos, cuando por fin entraron al cuarto en el cual yo estaba escondido tuvieron que protegerse porque empecé a dispararles, por más que me hablaban yo no entraba en razón, solo los maldecía y preguntaba por Mariana seguido de esto les disparaba, ellos se dieron cuenta que ya no tenía municiones y entraron pero no se percataron que aún contaba con una bala, puse el arma por debajo de mi mentón y los amenacé con dispararme si no se iban, prefería la muerte a que me capturaran e hicieran experimentos conmigo, me pusieran como señuelo para los zombis o simplemente jugaran conmigo hasta verme morir lentamente, no había caso, trataron de hacerme caer en cuenta y se quitaron los cascos de su cabeza pero no podía reconocerlos, para mí no eran Emilio y Juan, para mí eran unos patrulleros malnacidos al servicio del gobierno que se había llevado a Mariana, conforme la situación se puso tensa y los gritos no dejaban de ir y venir Emilio se abalanzó hacia mí y forcejeamos hasta que pudo quitarme el arma y esta se disparó, luego todo se volvió más peligroso de lo que ellos pensaban, una patrulla cercana escuchó el disparo y entraron al edificio, Juan al ver que yo no me comportaba tomó el arma y me golpeo fuerte en la cabeza y caí inconsciente, como pudieron lograron convencer a los patrulleros que me llevarían a los laboratorios para que experimentaran conmigo, ellos insistieron en acompañarme pero una turba de zombis asomó por la calle y estos salieron a su encuentro gritando y pidiendo turnos para enfrentarse a ellos y juga como suele hacerlo, yo seguía inconsciente y me cargaron hasta la moto, como pudieron me subieron a ella y se alejaron mientras veían como los patrulleros descargaban toda su furia con el grupo de zombis, los desmembraban y pateaban sus cabezas, luego rociaron gasolina sobre esos cuerpos destazados e hicieron una fogata, varios de esos zombis era niños no mayores de 15 años, tenían uniformes de colegio, Emilio y Juan no se reponen todavía de lo que vieron y su odio se acrecienta cada vez más.

Ya un poco tranquilo me reintegro a la resistencia y decidimos como planear una incursión en los laboratorios, el tener los uniformes de patrulleros puede funcionar, solo se necesita un buen plan, algo que sea impecable, que podamos entrar, robar información y volver a salir sin ser descubiertos, David se une a nuestra conversación y nos plantea cómo podemos entrar sin ser divisados, la resistencia debe atacar los laboratorios, es el primer paso hacia la verdad y la liberación, mientras tanto por internet tenemos contacto con otras resistencias en distintas latitudes del país y del mundo, no somos los únicos, esto no tiene reversa, es hora de enfrentarnos al gobierno y destruir su macabro plan para apoderarse del mundo, la resistencia es global…            

viernes, 17 de febrero de 2012

MESITA DE NOCHE

Le di mi corazón en sus manos y lo dejo encima de su mesita de noche a que le diera el polvo, en más de una ocasión lo dejo caer cuando trataba de buscar sus banalidades, cayó debajo de su cama y allí se lleno de moho pero seguía latiendo porque sabía que inevitablemente llegaría todos los días y él latiría por ella para arrullar su sueño, vigilaba incesantemente que nada ni nadie le hiciera daño pero nunca se dio cuenta de ello, hasta que un día su mamá barrió debajo de su cama y lo encontró irreconocible, se asusto al ver que aquello que ya no tenía forma pero si vida se movía y termino por botarlo a la basura. Yo lo encontré, lo limpié, lo cuidé y lo devolví al sitio al cual pertenecía esperando que alguien llegue algún día para ofrecérselo de nuevo, ella nunca se enteró que lo habían arrojado porque finalmente no le importo y termino por olvidarlo al momento que lo dejó encima de su mesita de noche.