La lluvia no deja de arreciar, acabo de fumar un cigarrillo y ella sigue acostada, lleva más de dos horas sumergida en un sueño profundo y al parecer es muy placentero ya que una sonrisa se dibuja en sus labios y me veo extasiado observando su figura, es una diosa y yo he sido presa de su embrujo, vuelvo a recostarme al lado suyo y le beso suavemente la oreja, quiero seguir amándola toda la noche, la lluvia es la perfecta excusa para abrazarla y deleitarme con el olor que emana de sus poros, me preparo para abordarla, mis dedos corren suavemente por su espalda, hago líneas, círculos y espirales con mis dedos, paso con delicadeza por uno de sus pezones, lo que parecía ser la noche perfecta para seguir amándola ha tomado un rumbo distinto, de un brinco se levanta de la cama y empieza a gritar como desesperada, no entiendo que sucede, tiene los ojos lleno de furia y me insulta como nunca llegué a imaginar, me acusa de ser el causante de todos sus problemas y necesidades, trato de calmarla pero no deja que la toque, ahora está arrojándome todo lo que se le cruza por su manos, yo simplemente la esquivo y le hablo suavemente.
-No quiero hacerte daño, nunca ha sido mi intención y eso bien lo sabes! ¿qué te ocurre?-
Cae desmayada en una esquina de la habitación, la alzo con mucho cuidado y la deposito de nuevo la cama, quiero que descanse y salgo a comprar cigarrillos y algo de licor para poder tranquilizarme, le he dejado una nota en la cual le digo que no preocupe que ya regreso, voy a la tienda de la esquina y el tendero sin preguntarme sabe a que voy, ya me conoce, sobre la vitrina pone el paquete de cigarrillos de la marca que siempre le pido y una botella de Vodka, le pago con los últimos restos de dinero que me acompañan y allí mismo tomo mi primer sorbo, enciendo un cigarrillo y decido fumarlo a la entrada de mi edificio, algo anda mal, no puedo terminar de fumarlo y subo las escaleras como un loco, se me resbala la botella de las manos y rueda por las escaleras hasta romperse inevitablemente vertiendo su contenido en aquel piso frío de aquella noche de lluvia, entro como un loco al apartamento y me dirijo al cuarto, ella ya no está, la busco en la sala, la cocina, el estudio, el balcón... temo lo peor y creo que se ha lanzado, no está encima de ninguno de los carros del parqueadero, vuelvo al cuarto pero su ropa sigue allí, no puede haber salido desnuda, los nervios son más grandes que el ego que ella derrama en cada cosa que hace a diario, prendo otro cigarrillo y al mirar de nuevo a la puerta del cuarto ella aparece como siempre, está tranquila, se acerca, me quita el cigarro de la boca, le da tres chupadas y lo arroja por la ventana.
-¿Dónde estabas? te he buscado por todo el apartamento, quiero hacerlo contigo ya !- parece que no recuerda nada.
La beso y me dejo llevar por ella, sus manos se deslizan con destreza por la sabana hasta llegar a la almohada, la levanta y la pone sobre mi pecho, empezamos a hacer el amor de una forma desesperante, nunca había visto tal nivel de fogosidad en ella, es como si fuese el último polvo que se estuviese echando antes de someterse al celibato obligado, en el clímax total cuando los dos estamos llegando y somos uno solo, ella saca un arma, estoy indefenso, el placer no me deja pensar, solo quiero seguir en el mejor orgasmo que he tenido en toda mi vida, pero ella sigue con el arma en su mano, la pone encima de la almohada que está en mi pecho y descarga 5 balas de manera simultánea, la sábanas se tiñen de sangre y ella continua cabalgando encima mio mientras yo veo como todo se está haciendo oscuro, antes de morir se acerca a mi oído y me dice las siguientes palabras...
-Este ha sido el mejor polvo de mi vida y el último tuyo, porqué lo hago? nunca se te vuelva a ocurrir mentir para obtener; nunca se te vuelva a ocurrir robar para tener... y jamás volverás a violarme ! soy libre y he librado al mundo de un hijo de puta como tu !- es lo último que recuerdo.
No sé a que hora se marchó ni se que pasó con ella después, fueron cuatro años los cuales estuvo conmigo desde aquella tarde que la rapte en el parque, fueron cuatro años en los cuales yo la tenía permanentemente drogada para que no huyera, fueron cuatro años en los cuales todas mis perversiones tuvieron un momento especial para cada día del año, fueron cuatro años que llegaron a su final aquella noche de lluvia en la cual olvide darle su dosis diaria y deje mi arma encima del escritorio, sabía que esto pasaría inevitablemente en cualquier momento pero no con ella, después de cuatro años me estaba enamorando finalmente y pensaba proponerle matrimonio, ahora ella es libre y puede casarse con quien quiera, pero no seré yo.
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