Muchos años habían pasado desde la última vez que la vio envuelta en su cabello rubio parada frente a la puerta de su casa, miles de recuerdos regresaron a su cabeza imaginando que podría haber sido de los dos si por un momento hubiese tomado la decisión de acercarse y hablarle al menos para preguntarle la hora y saber qué tan fuerte sentía el calor que azotaban esos días soleados en los cuales el mejor plan habría sido invitarla a comer un helado o ir a una piscina.
La calle era un tapete de hojas color naranja aquella tarde de otoño en la cual la vio pasar y no pudo evitar relacionar sus recuerdos con lo que veía en este momento, era ella, su amor platónico al cual nunca se había atrevido a saludar por timidez, por temor a sentirse rechazado y no querer verse ridículo, pero ahora todo era distinto, ya el tiempo pintaba su pelo de otro color y las cosas eran diferentes. Tomó el aire y el valor suficiente, contó hasta 3 y la tocó en la espalda, al dar la vuelta para saber quién la llamaba, los ojos de ella emanaron un brillo inusitado y dejó caer la correa que sostenía en uno de sus extremos a su mascota, un perro cachorro de algunos meses que al sentir libertad y que no era jalado insistentemente pudo salir raudo a compartir con otros perros que yacían en el parque disfrutando de los juegos y el viento helado que presagiaba la cercanía del invierno. No se miraban fijamente, sus ojos se habían situado en los labios del otro que se abrieron lentamente hasta unirse como uno solo, sus lenguas iban y venían, leves mordiscos los acompañaban y los llevaba a vivir lo que podrían disfrutar de aquel encuentro que nunca fue pactado, al terminar aquel beso que había esperado ser disfrutado durante tantos años, pudieron tomar aire de nuevo mirarse a los ojos decir hola y buscar a su pequeña mascota, se tomaron de la mano sin musitar palabra alguna y se dirigieron al apartamento en el cual él se hospedaba; unos amigos lo habían alojado por un par de días y aprovecharon para poder salir de la ciudad a acampar antes que iniciara el invierno en pleno, el no quiso acompañarlos, algo le decía que no fuera y que saliera a conocer la ciudad que era desconocida para él, fue la mejor decisión que pudo tomar, se quedó cuidando las posesiones más preciadas de sus amigos además de disfrutar de las maravillas culturales que le ofrecía el sitio en el que se encontraba.
Aquella mañana luego de un café un par de tostadas y un jugo de naranja tomó su abrigo, las llaves, su morral y un mapa para recorrer la ciudad, no había un plan definido todo era nuevo y merecía ser conocido y explorado, luego de un par de horas y al cabo de unos minutos carentes de segundos llegó a un parque que llamó su atención, era un espectáculo único e irrepetible el que tenía ante sus ojos, las hojas de los arboles caían armoniosamente como si estuvieran amenizadas por un hermoso vals desde que se soltaban de la rama como si una ave diera el primer empujón a su polluelo para que aprendiera a volar y subsistir por él mismo, las hojas que tenían diferentes colores cobrizos aterrizaban delicadamente sobre el piso y él absorto por semejante baile se había dejado llevar durante algunos minutos por tremendo espectáculo, ahora que se disponía a seguir caminando hacia otro sitio se detuvo por un instante, creyó que se le iba el aire al verla pasar al lado suyo, no podía creer que su amor platónico apareciera de nuevo y esta era la oportunidad precisa para expresarle tantos sentimientos reprimidos, busco mil maneras en su cabeza para abordarla pero no podía gastar mucho tiempo ya que ella podría perderse de su vista y de su vida nuevamente.
Al llegar al apartamento el nerviosismo podía respirarse en el aire, el cachorro correteaba y ladraba al sentirse ajeno al espacio en el cual merodeaba, ellos no dejaban de mirarse y decirse cuanto habían anhelado en su adolescencia aquel instante que parecía detenerlos en el tiempo, la ropa comenzaba a estorbarles y fue cayendo conforme sus labios seguían danzando mientras sus lenguas se negaban a soltarse, los besos fueron explorando sus cuerpos y la temperatura del apartamento fue subiendo conforme aumentaban los gemidos y suspiros, ella decidió tomarlo de las manos y amarrarlo a la cama, estaba decidida a que no se marchara de nuevo y comenzó a cabalgarlo con locura, la carne estaba en su máxima expresión y el pequeño cachorro había dejado de ladrar para esconderse debajo de un mueble ubicado en la sala, luego de esta primera sesión el fue quién tomó la rienda y experimento todas las posiciones que en alguna ocasión había decidido guardar en su mente por si ella volvía a aparecer, este era el momento y lo estaban disfrutando juntos, luego de unas horas en las cuales no fueron necesarias las palabras pudieron contarse uno al otro sobre sus respectivas vidas, cada uno estaba en sitios totalmente distintos y dispares, pero esto ya no importaba, por fin se habían reencontrado y mil historias entre los dos estaban por vivirse...
Al llegar al apartamento el nerviosismo podía respirarse en el aire, el cachorro correteaba y ladraba al sentirse ajeno al espacio en el cual merodeaba, ellos no dejaban de mirarse y decirse cuanto habían anhelado en su adolescencia aquel instante que parecía detenerlos en el tiempo, la ropa comenzaba a estorbarles y fue cayendo conforme sus labios seguían danzando mientras sus lenguas se negaban a soltarse, los besos fueron explorando sus cuerpos y la temperatura del apartamento fue subiendo conforme aumentaban los gemidos y suspiros, ella decidió tomarlo de las manos y amarrarlo a la cama, estaba decidida a que no se marchara de nuevo y comenzó a cabalgarlo con locura, la carne estaba en su máxima expresión y el pequeño cachorro había dejado de ladrar para esconderse debajo de un mueble ubicado en la sala, luego de esta primera sesión el fue quién tomó la rienda y experimento todas las posiciones que en alguna ocasión había decidido guardar en su mente por si ella volvía a aparecer, este era el momento y lo estaban disfrutando juntos, luego de unas horas en las cuales no fueron necesarias las palabras pudieron contarse uno al otro sobre sus respectivas vidas, cada uno estaba en sitios totalmente distintos y dispares, pero esto ya no importaba, por fin se habían reencontrado y mil historias entre los dos estaban por vivirse...
Sin Palabras!
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