lunes, 7 de mayo de 2012

OTOÑO

Muchos años habían pasado desde la última vez que la vio envuelta en su cabello rubio parada frente a la puerta de su casa, miles de recuerdos regresaron a su cabeza imaginando que podría haber sido de los dos si por un momento hubiese tomado la decisión de acercarse y hablarle al menos para preguntarle la hora y saber qué tan fuerte sentía el calor que azotaban esos días soleados en los cuales el mejor plan habría sido invitarla a comer un helado o ir a una piscina. 

La calle era un tapete de hojas color naranja aquella tarde de otoño en la cual la vio pasar y no pudo evitar relacionar sus recuerdos con lo que veía en este momento, era ella, su amor platónico al cual nunca se había atrevido a saludar por timidez, por temor a sentirse rechazado y no querer verse ridículo, pero ahora todo era distinto, ya el tiempo pintaba su pelo de otro color y las cosas eran diferentes. Tomó el aire y el valor suficiente, contó hasta 3 y la tocó en la espalda, al dar la vuelta para saber quién la llamaba, los ojos de ella emanaron un brillo inusitado y dejó caer la correa que sostenía en uno de sus extremos a su mascota, un perro cachorro de algunos meses que al sentir libertad y que no era jalado insistentemente pudo salir raudo a compartir con otros perros que yacían en el parque disfrutando de los juegos y el viento helado que presagiaba la cercanía del invierno. No se miraban fijamente, sus ojos se habían situado en los labios del otro que se abrieron lentamente hasta unirse como uno solo, sus lenguas iban y venían, leves mordiscos los acompañaban y los llevaba a vivir lo que podrían disfrutar de aquel encuentro que nunca fue pactado, al terminar aquel beso que había esperado ser disfrutado durante tantos años, pudieron tomar aire de nuevo mirarse a los ojos decir hola y buscar a su pequeña mascota, se tomaron de la mano sin musitar palabra alguna y se dirigieron al apartamento en el cual él se hospedaba; unos amigos lo habían alojado por un par de días y aprovecharon para poder salir de la ciudad a acampar antes que iniciara el invierno en pleno, el no quiso acompañarlos, algo le decía que no fuera y que saliera a conocer la ciudad que era desconocida para él, fue la mejor decisión que pudo tomar, se quedó cuidando las posesiones más preciadas de sus amigos además de disfrutar de las maravillas culturales que le ofrecía el sitio en el que se encontraba.

Aquella mañana luego de un café un par de tostadas y un jugo de naranja tomó su abrigo, las llaves, su morral y un mapa para recorrer la ciudad, no había un plan definido todo era nuevo y merecía ser conocido y explorado, luego de un par de horas y al cabo de unos minutos carentes de segundos llegó a un parque que llamó su atención, era un espectáculo único e irrepetible el que tenía ante sus ojos, las hojas de los arboles caían armoniosamente como si estuvieran amenizadas por un hermoso vals desde que se soltaban de la rama como si una ave diera el primer empujón a su polluelo para que aprendiera a volar y subsistir por él mismo, las hojas que tenían diferentes colores cobrizos aterrizaban delicadamente sobre el piso y él absorto por semejante baile se había dejado llevar durante algunos minutos por tremendo espectáculo, ahora que se disponía a seguir caminando hacia otro sitio se detuvo por un instante, creyó que se le iba el aire al verla pasar al lado suyo, no podía creer que su amor platónico apareciera de nuevo y esta era la oportunidad precisa para expresarle tantos sentimientos reprimidos, busco mil maneras en su cabeza para abordarla pero no podía gastar mucho tiempo ya que ella podría perderse de su vista y de su vida nuevamente.

Al llegar al apartamento el nerviosismo podía respirarse en el aire, el cachorro correteaba y ladraba al sentirse ajeno al espacio en el cual merodeaba, ellos no dejaban de mirarse y decirse cuanto habían anhelado en su adolescencia aquel instante que parecía detenerlos en el tiempo, la ropa comenzaba a estorbarles y fue cayendo conforme sus labios seguían danzando mientras sus lenguas se negaban a soltarse, los besos fueron explorando sus cuerpos y la temperatura del apartamento fue subiendo conforme aumentaban los gemidos y suspiros, ella decidió tomarlo de las manos y amarrarlo a la cama, estaba decidida a que no se marchara de nuevo y comenzó a cabalgarlo con locura, la carne estaba en su máxima expresión y el pequeño cachorro había dejado de ladrar para esconderse debajo de un mueble ubicado en la sala, luego de esta primera sesión el fue quién tomó la rienda y experimento todas las posiciones que en alguna ocasión había decidido guardar en su mente por si ella volvía a aparecer, este era el momento y lo estaban disfrutando juntos, luego de unas horas en las cuales no fueron necesarias las palabras pudieron contarse uno al otro sobre sus respectivas vidas, cada uno estaba en sitios totalmente distintos y dispares, pero esto ya no importaba, por fin se habían reencontrado y mil historias entre los dos estaban por vivirse...  

domingo, 8 de abril de 2012

LA CABAÑA

Cansado del estilo de vida que llevaba, Marcos mandó todo a la mierda y un día tomo unas cuantas pertenencias, algo de ropa y las llaves de la cabaña que tenía en lo profundo del bosque que se encontraba a unos mil kilómetros de la ciudad en la cual vivía. 

Con unos 53 años encima Marcos había sobrevivido a dos separaciones, la muerte de uno de sus tres hijos que falleció en un accidente aéreo, una quiebra por malas inversiones, el rompimiento con sus amigos más cercanos por su problema con el alcohol y las drogas que lo habían llevado a sumirse en una depresión de la que no quería salir, al contrario, se hundía en ella cada vez más, sus hijos al no poder lidiar con sus cambios intempestivos de ánimo decidieron dejarlo a cargo de uno de sus tíos el cual resulto siendo de lo peor al acolitarle sus deseos etílicos extremos y días enteros de alejarse de la realidad sumergido en drogas de todo tipo, estilo y color, cuando regresó de una semana en la que duró encerrado en el closet de su cuarto escuchando la misma canción a todo volumen una y otra vez sus vecinos cansados y preocupados llamaron a la policía y ellos intervinieron, lo llevaron a un centro de desintoxicación, el mismo en el que había estado en otras ocasiones pero con la diferencia que esta vez al despertar y preguntar por sus hijos no los vio allí, le explicaron que ellos habían dejado el país y sus ex-esposas habían viajado también, se sintió sólo, confundido, apenado, llegó a su apartamento y tomó el poco dinero que le quedaba, algo de ropa, una escopeta y dos cajas de municiones, las llaves de la cabaña que era de las pocas posesiones que aún tenía, se subió a la camioneta y decidió que se iría para no volver, a nadie le interesaba y no le interesaba nadie, Marcos había muerto en vida.

Los primeros días transcurrieron en completa normalidad, Marcos se levantaba temprano en la mañana, organizaba su pequeña cabaña, los recuerdos de tiempos mejores en compañía de las dos familias que llegó a formar se paseaban rampantes por los cuartos, la cocina y cada rincón de la cabaña, al comienzo fue difícil para él pero terminó por acostumbrarse a ellos y hasta les hablaba, duraban horas enteras conversado y discutiendo también, luego del desayuno agarraba su escopeta y salía a buscar la presa que le daría comida por un par de días, tenía una regla de oro en sus caminatas de cacería, no disparar a un animal pequeño que estuviera en etapa de crecimiento tampoco a una madre gestante y mucho menos uno que estuviera a punto de morir, solo los jóvenes y fuertes; una semana cazaba un siervo, otra un jabalí, la siguiente una liebre y así los iba intercalando, él era un buen cocinero, arte que había aprendido gracias a que desde muy joven salió de su casa para trabajar y empezar a construir su futuro por lo tanto el cocinaba su propia comida para así ahorrar al máximo y no gastar en restaurantes, luego al ir teniendo una mejor condición económica y gracias a los viajes de negocio que tenía mensualmente pudo aprender de culturas y cocina del mundo, en las reuniones familiares era el encargado de sorprenderlos con distintos platos que a todos dejaban sorprendido; detrás de la cabaña había un pequeño huerto que le suministraba de vegetales los cuales le servían de consumo propio y   los demás los vendía en una pequeña tienda de abarrotes que estaba a unos kilómetros de donde vivía y allí compraba lo que le hacía falta, su vida era muy sencilla y al parecer tenía la tranquilidad que tanto había añorado durante muchos años, en sus ratos de ocio se dedicaba a escribir sus memorias y hablar con sus recuerdos, era con los únicos que hablaba por horas enteras, nadie sabía de su paradero y no tenía teléfonos ni conexión alguna con sus allegados, Marcos despareció una mañana sin que nadie supiera de su paradero, una pequeña carta en su apartamento estaba reservada para sus hijos si algún día regresaban para saber como estaba, pero ellos no volvieron y esa carta se calcinó en un incendio pocos meses después de su partida, un incendio que en hechos confusos acabó con lo poco que quedaba de él, todos terminaron por olvidarle y siguieron su vida normalmente.

Algunos años habían  transcurrido, la barba larga y canosa, poco pelo y muchas arrugas eran parte de la imagen de Marcos, la ropa raída y maltrecha, el semblante de alguien muchísimo mayor de la edad que realmente tenía, seguía con las mismas costumbres, en la mañana organizar la cabaña, hacer su desayuno, conversar con los recuerdos que también habían envejecido al igual que él, revisar el huerto, cazar, era la monotonía en la cual se había sumergido, atrás había quedado las drogas y el alcohol, no tenía un cinturón para amarrar sus pantalones, una cabuya era la encargada de esa labor, en uno de sus paseos de caza por el bosque se encontró con un niño de unos nueve años de edad que jugaba fuera de una cabaña abandonada un par de kilómetros arriba de la suya, un pequeño riachuelo que nacía en lo más alto de la montaña pasaba al lado de aquella cabaña y a unos metros de la de Marcos, aquello fue extraño para él, pues en los años que llevaba viviendo en el bosque nunca había visto personas que merodearan por allí, el miedo que las personas tenían por aquel bosque era conocido en la región, se decía de ritos que personas extrañas de la ciudad realizaban en lo más espeso del bosque, invocaciones y sacrificios animales, algunos se atrevían a decir que sacrificios humanos también eran hechos en aquel bosque, por eso nadie se adentraba en lo profundo, sólo Marcos era el único y él no había visto ni escuchado cosas extrañas hasta aquel día que ese niño de nueve años irrumpió en su cotidianidad. 

El niño se llamaba Ricardito, en algunas ocasiones Marcos lo encontraba al lado del riachuelo en aquella cabaña abandonada, Ricardito estaba pescando o simplemente lanzando piedras, Marcos compartía de las frutas que recogía en el bosque y duraban horas hablando, el niño respondía a sus preguntas pero nunca lo miraba fijamente a los ojos, venía de una casa que estaba al otro lado de la montaña y sus padres eran unos humildes campesinos, ellos lo mandaban todos los días a pescar a esa cabaña y era allí donde se sentía seguro, Marcos le tomó cariño a Ricardito y en más de una ocasión lo invitó a su cabaña a que comiera algo y siguieran dialogando pero Ricardito siempre se negaba porque sus padres podría buscarlo y al no encontrarlo le darían una paliza al regresar a casa, también le decía que o podía llevarlo a su casa ya que tenía prohibido hablar con extraños, esto no le molesto a Marcos y así siguieron por unos meses encontrándose regularmente fuera de esta cabaña abandonada; cuando Marcos iba a la tienda de abarrotes a llevar las hortalizas y comprar lo que necesitaba les contaba a los allí presentes sobre el niño con el cual tenía largas conversaciones, ellos no le creían ya que Marcos era una persona huraña y extraña para ellos, creían que todo era producto de su imaginación y por lo tanto no le prestaron atención, el seguía con sus historias y ellos acentuaban con la cabeza cada vez que él les narraba acerca de sus encuentros, una noche que parecía tranquila en el bosque de la nada arreció una tormenta que nunca se había visto por aquellos lares, los perros de la tienda de abarrotes irrumpieron en la tienda y se resguardaron debajo de la cama de sus amos, no dejaban de aullar y mostrarse inquietos, pasados los días Marcos no regresaba a la tienda y como era el que suministraba las hortalizas y estas ya se habían acabado el dueño de la tienda decidió ir a buscarlo a su cabaña, al llegar lo busco incansablemente por todos lados, pero no lo encontraba, los arboles al rededor de la cabaña había sido arrancados de la raíz, animales muertos por el peso de los mismos o ahogados por la creciente del riachuelo, el dueño de la tienda decidió subir un poco más bordeando el riachuelo hasta llegar a la cabaña abandonada de la cual Marcos hablaba tanto y dónde decía tenía sus tertulias con Ricardito, al indagar dentro de la cabaña la imagen fue espantosa, Marcos estaba ahorcado con la cabuya que le servía de cinturón en una de las vigas de la vieja cabaña, los pantalones en colgaban de sus pies y no había explicación alguna de cómo había hecho para colgarse de semejante altura ya que no habían sillas cercanas o algo parecido para poder subirse y luego dejarse caer al vació, todo parecía ser un suicidio, los dueños de la tienda llamaron a la policía para que hiciera el levantamiento y la investigación de lo ocurrido, no encontraron huellas en el sitio del crimen, no estaba las de Marcos ni las de Ricardito, cruzaron la montaña buscando la casa del niño y tampoco estaba, la devastación del bosque solo estaba desde la cabaña abandonada hasta la de Marcos al igual que el desborde del riachuelo, no encontraban una explicación lógica, cerraron el caso y Marcos fue sepultado al lado de su cabaña pues no conocían familiares para entregarles el cuerpo, el bosque quedó de nuevo deshabitado y fue el único testigo de lo sucedido aquella noche de tormenta, pasados algunos años un grupo de jóvenes que se adentraron en lo profundo del bosque para realizar una investigación sobre la fauna y flora al llegar a la tienda de abarrotes narraron el encuentro que tuvieron con dos personas, uno era un niño de nombre Ricardito que estaba pescando en el río, el otro era un señor de avanzada edad de nombre Marcos y la descripción que dieron de él era la misma que ellos conocieron, a diferencia del niño, Marcos no pescaba, el hacía el nudo con una cabuya a modo de horca, desde aquel instante nadie más se atrevió a ir a aquel bosque, los dueños de la tienda abandonaron el negocio y la tumba de Marcos al lado de la cabaña fue comida por la espesura del bosque hasta dejarlo en el olvido.           

     

sábado, 24 de marzo de 2012

CUATRO AÑOS

La lluvia no deja de arreciar, acabo de fumar un cigarrillo y ella sigue acostada, lleva más de dos horas sumergida en un sueño profundo y al parecer es muy placentero ya que una sonrisa se dibuja en sus labios y me veo extasiado observando su figura, es una diosa y yo he sido presa de su embrujo, vuelvo a recostarme al lado suyo y le beso suavemente la oreja, quiero seguir amándola toda la noche, la lluvia es la perfecta excusa para abrazarla y deleitarme con el olor que emana de sus poros, me preparo para abordarla, mis dedos corren suavemente por su espalda, hago líneas, círculos y espirales con mis dedos, paso con delicadeza por uno de sus pezones, lo que parecía ser la noche perfecta para seguir amándola ha tomado un rumbo distinto, de un brinco se levanta de la cama y empieza a gritar como desesperada, no entiendo que sucede, tiene los ojos lleno de furia y me insulta como nunca llegué a imaginar, me acusa de ser el causante de todos sus problemas y necesidades, trato de calmarla pero no deja que la toque, ahora está arrojándome todo lo que se le cruza por su manos, yo simplemente la esquivo y le hablo suavemente.

-No quiero hacerte daño, nunca ha sido mi intención y eso bien lo sabes! ¿qué te ocurre?-

Cae desmayada en una esquina de la habitación, la alzo con mucho cuidado y la deposito de nuevo la cama, quiero que descanse y salgo a comprar cigarrillos y algo de licor para poder tranquilizarme, le he dejado una nota en la cual le digo que no preocupe que ya regreso, voy a la tienda de la esquina y el tendero sin preguntarme sabe a que voy, ya me conoce, sobre la vitrina pone el paquete de cigarrillos de la marca que siempre le pido y una botella de Vodka, le pago con los últimos restos de dinero que me acompañan y allí mismo tomo mi primer sorbo, enciendo un cigarrillo y decido fumarlo a la entrada de mi edificio, algo anda mal, no puedo terminar de fumarlo y subo las escaleras como un loco, se me resbala la botella de las manos y rueda por las escaleras hasta romperse inevitablemente vertiendo su contenido en aquel piso frío de aquella noche de lluvia, entro como un loco al apartamento y me dirijo al cuarto, ella ya no está, la busco en la sala, la cocina, el estudio, el balcón... temo  lo peor y creo que se ha lanzado, no está encima de ninguno de los carros del parqueadero, vuelvo al cuarto pero su ropa sigue allí, no puede haber salido desnuda, los nervios son más grandes que el ego que ella derrama en cada cosa que hace a diario, prendo otro cigarrillo y al mirar de nuevo a la puerta del cuarto ella aparece como siempre, está tranquila, se acerca, me quita el cigarro de la boca, le da tres chupadas y lo arroja por la ventana.

-¿Dónde estabas? te he buscado por todo el apartamento, quiero hacerlo contigo ya !- parece que no recuerda nada.

La beso y me dejo llevar por ella, sus manos se deslizan con destreza por la sabana hasta llegar a la almohada, la levanta y la pone sobre mi pecho, empezamos a hacer el amor de una forma desesperante, nunca había visto tal nivel de fogosidad en ella, es como si fuese el último polvo que se estuviese echando antes de someterse al celibato obligado, en el clímax total  cuando los dos estamos llegando y somos uno solo, ella saca un arma, estoy indefenso, el placer no me deja pensar, solo quiero seguir en el mejor orgasmo que he tenido en toda mi vida, pero ella sigue con el arma en su mano, la pone encima de la almohada que está en mi pecho y descarga 5 balas de manera simultánea, la sábanas se tiñen de sangre y ella continua cabalgando encima mio mientras yo veo como todo se está haciendo oscuro, antes de morir se acerca a mi oído y me dice las siguientes palabras...

-Este ha sido el mejor polvo de mi vida y el último tuyo, porqué lo hago? nunca se te vuelva a ocurrir mentir para obtener; nunca se te vuelva a ocurrir robar para tener... y jamás volverás a violarme ! soy libre y he librado al mundo de un hijo de puta como tu !- es lo último que recuerdo. 

No sé a que hora se marchó ni se que pasó con ella después, fueron cuatro años los cuales estuvo conmigo desde aquella tarde que la rapte en el parque, fueron cuatro años en los cuales yo la tenía permanentemente drogada para que no huyera, fueron cuatro años en los cuales todas mis perversiones tuvieron un momento especial para cada día del año, fueron cuatro años que llegaron a su final aquella noche de lluvia en la cual olvide darle su dosis diaria y deje mi arma encima del escritorio, sabía que esto pasaría inevitablemente en cualquier momento pero no con ella, después de cuatro años me estaba enamorando finalmente y pensaba proponerle matrimonio, ahora ella es libre y puede casarse con quien quiera, pero no seré yo.

jueves, 22 de marzo de 2012

LA PUERTA

Caminando un día cualquiera de un mes cualquiera de un año cualquiera, en una ciudad país continente y planeta cualquiera, ahí iba caminando yo y pensaba en cosas sin relevancia alguna, imaginaba cuál era la forma más fácil de creer en las mentiras sin importar que tan pequeñas fueran y que tanta rabia y dolor pudieran causar, sólo que aún sabiendo que eran mentiras yo pudiera comprenderlas y no prestarles ninguna importancia, que al final del día y al agonizar la noche esas mentiras se hubiesen desvanecido sin recordarlas.

Como estaba tan inmerso en este dilema no tuve conocimiento de cuanta distancia había recorrido, el tráfico el asfalto, los edificios los desempleados, los semáforos el ruido, los problemas las mentiras… todo había quedado atrás. No había nada, absolutamente nada, ni árboles ni animales, ni personas ni silencio, sólo una puerta de color de la cual salían sonidos murmullos, risas pensamientos, sollozos esperanzas y amor!  Eso era lo que me tenía intranquilo, salía amor y yo creía que este había muerto en mi última borrachera, creía que lo había matado, que lo había ahogado en 200 litros de cerveza, 73 botellas de licor, que lo había asfixiado en 3.215 cigarrillos, ¡pero no! El desgraciado por una extraña razón había reencarnado y se encontraba detrás de aquella puerta departiendo. Era sólo una puerta, una puerta común y corriente, rectangular y cuadrada, áspera y lisa, dura y blanda, de hierro y de piedra, imposible describirla… era fría cálida, era una puerta pero no era normal, ese era el verraco problema, esa puerta tenía guardado el amor y yo quería descubrir cómo había sobrevivido a mi intento de asesinato. Traté de romper las guardas y me fue imposible, tomé distancia y me estrellé contra ella pero no pude  tumbarla, agarré una roca y empecé a golpearla con todas las fuerzas que me acompañaban pero la roca terminó por despedazarse en mis manos, la puerta seguía fría y como si nada, no tenía ni un rasguño, mientras tanto yo seguía escuchando como el amor se divertía allí dentro y yo si poder abrir la puerta para enfrentarlo, tomé un segundo y me senté a esperar que la puerta por fin se abriera y yo poder entrar, pasaron los minutos las horas, los días y las noches, las semanas y los meses, el frío y el calor. Mi paciencia estaba pasando por una dura prueba, me hice pasar por un domiciliario, un testigo de Jehová, una anciana pidiendo limosna para los necesitados, rogué que me abrieran pero era imposible esa puerta no se inmutaba ante nada, no valían mis esfuerzos, me creció la barba y el pelo, mis ojos se hundieron al punto de poder  ver mi alma inquieta y delirante,  pasé más de dos meses bajo una lluvia eterna que no cesaba ni un solo instante,  de igual manera pasaron 7 días en los cuales no salió el sol pero dentro todo era luz, tranquilidad, esperanza y amor, me escondí detrás de un suspiro para que no me vieran y por fin se abriera la puerta no sé cuánto tiempo pasó ya que perdí la noción de él pero nunca ocurrió nada.

Un atardecer, cansado con hambre y con sed decidí levantarme y seguir mi camino, volví a pensar  en las mentiras y le di la espalda a la puerta, me alejé en sentido contrario a ella y al haber avanzado unos cuantos metros volví a mirarla por última vez  para despedirme de ella y fue en ese instante cuando comprendí  que esa puerta  era la entrada a un gran corazón, grande y luminoso, fuerte e impenetrable, duro, áspero y hermoso, un corazón que nunca me permitió conocerlo por dentro, sólo estaba allí esperando que alguien entrara pero ese alguien parecía que no era yo…     

martes, 28 de febrero de 2012

ZOMBIVENCIA – Un momento de locura

Afortunadamente todavía tenemos energía eléctrica, podemos escuchar las noticias que se suscitan en la radio, vemos las mentiras que los noticieros de TV que manejan los gobiernos dicen sobre la situación actual, por internet parece ser la única manera de estar al tanto de la situación real, pequeños países europeos han caído por causa del virus, Norteamérica ha desplegado todo su ejército en las calles, es una batalla campal sin precedentes, Colombia no se escapa y las ciudades lentamente se están quedando vacías, la gente huye hacia el campo y buscan refugio en los lugares más apartados de la geografía nacional, el virus y el gobierno se están apoderando lentamente del país…

Tengo un fuerte dolor de cabeza, trato de abrir los ojos, respirar duele, o entiendo que ha sucedido, estoy en el taller de la resistencia y todos me observan, la boca está reseca y pido un vaso de agua, me llevo las manos a la cabeza y siento el pelo seco, miro mis manos y están llenas de sangre, David se acerca con un vaso de agua y una pastilla para mi dolor, me explica que Emilio y Juan me encontraron en el edificio dónde estaba escondiéndome mientras bajaba la lluvia, ellos está al otro lado del cuarto y llevan puestos los uniformes de los patrulleros, todo es confuso para mí y es imposible recordar.

Los analgésicos que David me suministró me hacen caer en un sueño profundo, allí está Mariana, todo es normal, el virus nunca mutó, somos felices, la gente es feliz, la utopía es real y todos llevan vidas de prosperidad y felicidad, no hay zombis, no hay patrulleros, no hay fronteras, lo único importante es vivir como si no hubiese mañana, esto es un sueño y David me despierta súbitamente, estoy ardiendo en fiebre y no me han explicado que sucedió en ese edificio, Juan se acerca a mi lado y trata de explicar lo que no recuerdo.

Cuando yo sentía que los patrulleros estaban ingresando en el edificio me atrincheré detrás de la cama en el cuarto que me encontraba, entré en estado de shock, Juan y Emilio eran los patrulleros, al percatarse de mi ausencia en el taller salieron en mi búsqueda, desnudaron a los patrulleros y se pusieron sus uniformes, tomaron una de las motos y salieron en mi búsqueda, tenían una forma segura de poder aventurarse a las calles sin despertar sospechas, solo debían evitar a las patrullas y evitar contacto con ellas, hicieron un barrido de las calles a la redonda y encontraron los zombis que yo había dejado atrás, inspeccionaron las casas y edificios a la redonda hasta que dieron dónde yo me encontraba, empezaron a llamarme por mi nombre pero al yo estar en estado de shock no pude atender al llamado de ellos, cuando por fin entraron al cuarto en el cual yo estaba escondido tuvieron que protegerse porque empecé a dispararles, por más que me hablaban yo no entraba en razón, solo los maldecía y preguntaba por Mariana seguido de esto les disparaba, ellos se dieron cuenta que ya no tenía municiones y entraron pero no se percataron que aún contaba con una bala, puse el arma por debajo de mi mentón y los amenacé con dispararme si no se iban, prefería la muerte a que me capturaran e hicieran experimentos conmigo, me pusieran como señuelo para los zombis o simplemente jugaran conmigo hasta verme morir lentamente, no había caso, trataron de hacerme caer en cuenta y se quitaron los cascos de su cabeza pero no podía reconocerlos, para mí no eran Emilio y Juan, para mí eran unos patrulleros malnacidos al servicio del gobierno que se había llevado a Mariana, conforme la situación se puso tensa y los gritos no dejaban de ir y venir Emilio se abalanzó hacia mí y forcejeamos hasta que pudo quitarme el arma y esta se disparó, luego todo se volvió más peligroso de lo que ellos pensaban, una patrulla cercana escuchó el disparo y entraron al edificio, Juan al ver que yo no me comportaba tomó el arma y me golpeo fuerte en la cabeza y caí inconsciente, como pudieron lograron convencer a los patrulleros que me llevarían a los laboratorios para que experimentaran conmigo, ellos insistieron en acompañarme pero una turba de zombis asomó por la calle y estos salieron a su encuentro gritando y pidiendo turnos para enfrentarse a ellos y juga como suele hacerlo, yo seguía inconsciente y me cargaron hasta la moto, como pudieron me subieron a ella y se alejaron mientras veían como los patrulleros descargaban toda su furia con el grupo de zombis, los desmembraban y pateaban sus cabezas, luego rociaron gasolina sobre esos cuerpos destazados e hicieron una fogata, varios de esos zombis era niños no mayores de 15 años, tenían uniformes de colegio, Emilio y Juan no se reponen todavía de lo que vieron y su odio se acrecienta cada vez más.

Ya un poco tranquilo me reintegro a la resistencia y decidimos como planear una incursión en los laboratorios, el tener los uniformes de patrulleros puede funcionar, solo se necesita un buen plan, algo que sea impecable, que podamos entrar, robar información y volver a salir sin ser descubiertos, David se une a nuestra conversación y nos plantea cómo podemos entrar sin ser divisados, la resistencia debe atacar los laboratorios, es el primer paso hacia la verdad y la liberación, mientras tanto por internet tenemos contacto con otras resistencias en distintas latitudes del país y del mundo, no somos los únicos, esto no tiene reversa, es hora de enfrentarnos al gobierno y destruir su macabro plan para apoderarse del mundo, la resistencia es global…            

viernes, 17 de febrero de 2012

MESITA DE NOCHE

Le di mi corazón en sus manos y lo dejo encima de su mesita de noche a que le diera el polvo, en más de una ocasión lo dejo caer cuando trataba de buscar sus banalidades, cayó debajo de su cama y allí se lleno de moho pero seguía latiendo porque sabía que inevitablemente llegaría todos los días y él latiría por ella para arrullar su sueño, vigilaba incesantemente que nada ni nadie le hiciera daño pero nunca se dio cuenta de ello, hasta que un día su mamá barrió debajo de su cama y lo encontró irreconocible, se asusto al ver que aquello que ya no tenía forma pero si vida se movía y termino por botarlo a la basura. Yo lo encontré, lo limpié, lo cuidé y lo devolví al sitio al cual pertenecía esperando que alguien llegue algún día para ofrecérselo de nuevo, ella nunca se enteró que lo habían arrojado porque finalmente no le importo y termino por olvidarlo al momento que lo dejó encima de su mesita de noche.

martes, 17 de enero de 2012

ZOMBIVENCIA - Solo en las calles

Cuesta creer todas las cosas que han sucedido, cuesta creer que lo que parecía ser la solución se convirtiera en nuestra mayor amenaza, el sueño ahora es pesadilla, el miedo es nuestra mayor virtud, el amor es nuestro motor, luchar por las personas que amamos, por Mariana, por su bienestar, por ella...

Me detuvieron, no dejaron que fuera a buscar a Mariana, ¿Andrés que le pasa? me dijo Emilio, tranquilícese y con calma veamos que podemos hacer, por el momento debemos decidir que hacemos con los patrulleros. Uno de ellos despertó mientras los otros dos seguían inconscientes, ya estaban atados de pies y manos, no podían moverse, el primero que despertó no quería hablar, tuvimos que golpearlo, no aguanté ver lo que Emilio y Juan hacían, lo torturaban, se turnaban entre sí, fueron dos horas de intenso dolor pero el patrullero no hablaba, luego de eso uno de los radios que ellos portaban empezó a sonar, el patrullero lo miro y luego se desmayó.

Aproveché que todos estaban observando que sucedía con los patrulleros, tomé un arma y algo de munición me aventuré a las calles en busca de Mariana, no sabía por dónde empezar ni que hacer, la incertidumbre se apoderaba de mi, una leve llovizna caía sobre la ciudad, cuerpos destrozados que tuve que sortear a mi paso, quejidos de zombis a lo lejos, mi mano derecha temblorosa sostenía el arma, un cigarrillo para apaciguar el frío y los nervios, las calles destilan miedo y yo lo tomo con cada respiración acelerada, mi corazón está a punto de colapsar, en la mente solo tengo a Mariana, trato de llamarla, no puedo gritar y no creo que ella tampoco me escuche, maldigo una y mil veces aquel día que la humanidad entera celebraba en las calles la noticia sobre la dichosa vacuna, regresa a mi mente el día que la acompañé para que se la suministraran, maldigo a los gobiernos y sus científicos, hasta las ratas que ahora son los nuevos perros callejeros se ven más amigables que esos malnacidos que desataron esta guerra de supervivencia y de miedo.

Había recorrido unas seis cuadras a la redonda sin tener el mínimo destello de lucidez para encontrarla cuando un zombi se percató de mi presencia, era un anciano de unos setenta años, parte de su cara estaba carcomida, llevaba un saco a rombos, las pantuflas lo hacían caminar torpemente, se dirige a mi como puede y se lanza, lo esquivo y observo como trata de levantarse del suelo para volver a atacarme, mi dedo se desliza en el gatillo y le apunto a la cabeza pero me detengo... si le disparo puedo alarmar a las patrullas que merodean o puedo llamar la atención de más zombis, lo empujo con el pie y sigo mi camino de manera presurosa, luego de doblar la esquina lo pierdo de vista, siento algo de pena por aquel anciano que vio como el final de sus días terminan de la manera más vergonzosa pero no estaba a salvo todavía, un grupo de unos siete zombis que devoraban como podían a una joven pasada de kilos me ven y corre donde estoy, saco el arma y empiezo a descargarla sobre ellos, algunos reciben el disparo en una de sus rodillas y no pueden continuar pero siguen arrastrándose, otros lo reciben en su pecho y sigue hacia mi, solo uno lo recibe en la cabeza y se desploma, se acaban las balas del primer proveedor y tengo que correr, todavía hay tres detrás mio, no sé hacia dónde coger, el miedo me invade y pienso en Mariana, ¿estará ella devorada por los zombis? alguna patrulla la habrá capturado y desmembrado o arrastrado como vimos con Emilio y Juan, me estoy quedando sin aire... los zombis siguen detrás mio, tomo un poco de ventaja recargo el arma y vuelvo a disparar, me libro de ellos y puedo detenerme a tomar un respiro, me he alejado mucho y la llovizna se ha vuelto una lluvia fuerte, busco refugio y pienso en la manera de volver al taller.

Estoy en un edificio abandonado que al parecer no está habitado por zombis, me siento tranquilo luego de revisarlo completamente me dirijo a un cuarto deshabitado, por fin en días logro descansar algo, tomo un baño de agua helada y me recuesto en una cama, no sé cuanto tiempo habrá pasado pero escucho ruidos de motos afuera, son patrulleros que desesperados tumban puertas de casas y edificios del frente, al parecer buscan alguien, doy un salto de la cama y recargo el arma, no dejaré que me lleven con ellos, no dejaré la resistencia, debo encontrar primero a Mariana y luego huir con ella, se dirigen a donde me encuentro y el sudor frío recorre mi frente, es la hora de enfrentar mis temores, o me matan o los mato...  


martes, 3 de enero de 2012

ZOMBIVENCIA - La primer misión

Juan y Emilio ya habían trazado un plan, unos traficantes de armas de contrabando nos iban aprovisionar para poder salir a las calles y defendernos de los ataques zombis, las noticias no eran alentadoras, la cifra de infectados iba en aumento, David estudiaba la rara condición de los infectados en el taller y trataba de buscar explicaciones coherentes a la condición en la cual se encontraban, los gobiernos disfrazaban con falsas noticias el error que ellos intencionalmente habían cometido, la gente huía de las ciudades, algunos lo lograban, otros eran masacrados por los organismos de defensa o devorados por los zombis.

Estaba decidido, teníamos que salir a la calle como diera lugar, pero la pregunta era si en el día o en la noche, las patrullas eran inclementes, disparaban o detenían a todo aquel que veían en la calle, pasamos horas trazando una ruta para encontrarnos con el contacto de Juan y Emilio, no teníamos mucho tiempo, los traficantes se movían constantemente, el sitio del encuentro estaba a unas 27 cuadras del taller y teníamos que irnos por los callejones infestados de zombis, tomamos lo que había a la mano, un par de bates que mi amiga guardaba en su closet y con los cuales solía amedrentar hippies es su época de justiciera anti mamertos, también teníamos un machete oxidado que servía para pelar cocos que luego eran convertidos en helados y arroz gracias a las dotes culinarias de los que allí íbamos regularmente.

Fuimos Emilio, Juan y yo, el resto se quedó en el taller, empezamos caminar y a las dos cuadras dimos con una patrulla, logramos escondernos en el ante jardín de una casa, la patrulla llevaba unos zombis que habían sido capturados, los tenían amarrados de los pies y los arrastraban por la calle mientras estos golpeaban sus cabezas con el frío pavimento y se iban despedazando, la risa de los patrulleros se calaba en los huesos y hacía que sudáramos frío por el miedo a ser descubiertos, pensábamos en nuestros familiares infectados y al mismo tiempo nos llenábamos de odio, seguimos nuestro camino, era toda una proeza, aparecían zombis y nosotros golpeábamos sus cabezas con fuerza, decapitábamos, pateábamos con furia; cuerpos, sangre y cabezas marcaban el camino por el cuál nos movíamos, tuvimos que correr por unas 7 cuadras sin descansar luego de ser perseguidos por una docena de zombis que se percató de nuestra presencia, nuestras ropas estaban ensangrentadas, entrañas de personas que en algún momento fueron personas yacían bajo nuestro zapatos, no fue fácil al comienzo pero logramos irnos acostumbrando a el fétido olor que impregnaba las calles, cada una de nuestras salidas se iba convirtiendo en una experiencia más que ayudaba a la siguiente, recogimos las armas y ahora el dilema era el como volveríamos, eran diez, cuatro fusiles, cinco pistolas y una escopeta, además de las municiones que eran bastantes, no sabíamos como regresaríamos con todo ese armamento, los traficantes no podían ayudarnos, ellos iban en otra dirección contraria a la nuestra y las patrullas estaban rondando muy cerca, pronto podrían ser encontrados y enjuiciados, vieron la dificultad en la cual nos encontrábamos y nos dieron un carrito de supermercado que encontraron al fondo de la casa, el problema ahora radicaba en la bulla que haríamos con ese carrito y que llamaría la atención de las patrullas y los zombis, ¿que hacer? Ese era nuestro mayor problema pero no el único, la noche se acercaba y con ella la intensidad de los enfrentamientos contra los zombis, la orden era disparar sin importar que fuese, si se movía en la oscuridad era un peligro y había que eliminarlo cuanto antes, así que debíamos salir, tomamos el carrito, cargamos dos pistolas y nos fuimos con todo el cuidado del caso.

Llevábamos unas dos cuadras sin hacer ruido, el carro se deslizaba despacio por las calles frías y desoladas cuando nos enfrentamos a un niño de once años, estaba infectado y se percató de nuestra presencia, corrió presuroso para atacarnos y Juan sin dudarlo dos veces descargo un tiro en la frente del pequeño zombi y cayó en el frío pavimento, observé cómo Emilio dejó escapar una lagrima por su rostro ya que ese niño le recordó a su hermanito y si las cosas no mejoraban el podría estar corriendo la misma suerte, arrastramos el cuerpo a un lado de la calle y continuamos, la noche estaba haciendo su aparición y con ella la dificultad de saber si nos cruzaríamos con las patrullas y podríamos ser masacrados por ellos o devorados por un grupo de zombis, todo era incierto pero al mismo tiempo podíamos escondernos en la facilidad de la noche y la timidez de las sombras que lentamente hacían su aparición, todo iba sin novedad y al encontrarnos a pocos metros del taller tuvimos que escondernos, un patrulla golpeaba el portón insistentemente y alegaba que sabían que allí había personas protegiendo unos infectados, no sabíamos cómo se habían enterado, no sabíamos si iban a derrumbar el portón, eran 3 patrulleros que habían arribado en dos motocicletas, Emilio y Juan me dijeron que me quedará con el carrito de supermercado, ellos tomaron dos bates y de manera sigilosa se fueron acercando a los patrulleros, fue cuestión de segundos y los vi encima de ellos mientras los golpeaban y dejaban inconscientes, de manera automática el portón se abrió y metieron a los patrulleros, sus motocicletas y detrás yo estaba entrando también con el carrito y las armas, todo estaba saliendo bien, el plan ahora era interrogar a los patrulleros, utilizar sus uniformes y las motos para poder desplazarnos por la ciudad sin problema alguno y sacar el mayor provecho posible, todo iba bien, hasta que llegué a buscar a Mariana y no la encontré por ningún lado, entre en shock, la busque por todo el edificio, nadie daba razón de ella, la única conclusión era que al abrir el portón y por la premisa de meter cuanto antes las motos y los patrulleros, ella había escapado, Mariana se encontraba sola en la ciudad a merced de ser brutalmente asesinada y yo no podía hacer nada, por lo menos hasta que saliera el sol…