viernes, 9 de diciembre de 2011

CAPITULO VI


Hoy se abre el telón como todas las noches, el público vibra cuando se apagan las luces de la carpa y el seguidor se enciende dando paso a un redoble de tambores, la gente sabe que el animador está presto a salir a escena, se prepara la revista y los artistas salen a escena… un momento solo es uno, que hace las veces de animador, payaso, mago, malabarista y demás.
Este es el circo de mi vida, este es el show que llevo presentando durante años a mi hermoso público que siempre está atento a los nuevos números que les presento para que no se aburran y siempre asistan a la función diaria de la cotidianidad absurda y despectiva de mí ser, no sé como carajos lo hago pero el interpretar todos los números de la carpa han hecho que aprenda a camuflar mi verdadera cara detrás de cada personaje, dependiendo de quién mire este paupérrimo espectáculo de mi vida pueden escoger que quieren. El payaso que siempre tiene una sonrisa estúpida en la cara y hace muecas incesantemente para poder entrar en confianza, echa los chistes más malos que puedan existir pero como su público es benévolo ríen como un gesto de amabilidad por el esfuerzo hecho, gracias a ellos el payaso sigue siendo la atracción de este circo pobre. El mago, hace trucos con sus manos y deja volar la imaginación de propios y extraños con las diversas artimañas en un intento equívoco por disfrazar con ilusiones el dolor que genera la soledad de un artista. El malabarista es de mis favoritos, a punta de movimientos plenamente estudiados y practicados toma todo aquello que este a la mano y lo hace volar en una sincronía digna de los niños Chinos del circo de Pekín, algunas veces hace malabares con sus propios sentimientos y deja boquiabiertos a los espectadores, en otras ocasiones son sus temores y sueños los que juegan en la cuerda floja de su propia mentira, aplausos para este artista que no se detiene ante las adversidades de lo que significa trabajar en un circo pobre. Y cómo se podría presentar un espectáculo como estos digno de las mejores plazas del mundo entero, ovacionado y aclamado en todas las esquinas de la ciudad donde a diario pasea con su lúgubre existencia; es el animador, esta pieza fundamental que se encarga de entrelazar cada uno de los números acá presentados, su potente voz retumba por toda la carpa y hace que el público estalle de júbilo ante la inminente presentación de los artistas, el animador de grandes y chicos, mujeres y hombres, ancianos y vejetes, el animador planea antes de cada función y dependiendo de quienes estén bajo su carpa cómo puede introducir a los asistentes en la mágica vida circense.
Se apagan las luces, se abre el telón, suenan los tambores, los niños abren sus ojos brillantes y hermosos, las parejas se besan aprovechando la oscuridad que envuelve el ambiente, el silencio está presente, una luz se prende y apunta directo a el animador, este con cara sonriente invita a que no se despeguen de su asiento, el show de hoy es único, nunca antes visto, lleva años preparándolo, ha llegado la hora que el mundo conozca la verdad, ha llegado la hora de reír hasta llorar, de soñar hasta que sea imposible diferenciar la realidad de la fantasía, todos están invitados, nadie está obligado a quedarse, pero si toman el riesgo de ver el espectáculo hasta el final se les garantiza algo, diversión por montones… el payaso ha prometido morir de risa en frente de todos, el payaso hoy será más divertido que nunca! 


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