jueves, 15 de diciembre de 2011

CAPITULO XI


Llevaba mucho tiempo esperando este día, tengo que ser sincero, más de un año tal vez… o menos? La verdad no lo recuerdo, pero si lo estaba esperando, pa que!
Arregle mi apto, lo organice, saque la basura, limpie el polvo, cambie las sabanas y tendí mi cama, compre vino, hice pasta a la napolitana, me bañe, estaba dispuesto a salir a recogerla y recordé lo miserable y maldita que ha sido conmigo, tuve recuerdos de cómo se ha portado, las mentiras que me ha dicho, las veces que me sacó el culo para irse con otro, tuve un momento de euforia mande todo a la mierda, volví a dejar mi cama en el peor de los estados, guardé el vino y apagué las velas, le regale la pasta a la napolitana a un pordiosero que por allí pasaba, compré un sobre de té y lo preparé, pero no le puse hielo ni lo metí a la nevera, me cambie y volví a ponerme piyama, la llamé y le dije que estaba muy ocupado, que tal vez lo mejor era que llegara mi apto y así fue.
Una hora más tarde de lo acordado arribo rozagante y festiva, cara de felicidad dibujaba su sonrisa, yo en cambio estaba echado en mi sofá viendo una película de esas que nadie entiende pero que igual ven, la salude con un kiubo y la invite a que tomara asiento, hizo un gesto de desagrado porque no era lo que esperaba, tanto tiempo para esto? parecía ser lo que pensaba en aquel momento, le ofrecí té servido en un pocillo y lo acepto de mala gana, hizo una inspección por toda la sala hasta darse cuenta que había un candelabro con unas velas rojas que al parecer eran nuevas y alguien las había encendido pero luego se habían apagado al instante, pregunto que porque esas velas si yo nunca he sido de ese tipo de personas, le dije que las había comprado a una señora en la calle porque uno nunca sabe… se va la luz en la noche y como hace uno para  no asustarse con sus pensamientos? De nuevo me miro como un culo, no me importó, ya estoy acostumbrado a eso, preguntó de que trataba la película y no supe explicarle, la verdad nunca me concentre en saber de que trataba, todo ese tiempo pensé en como mis perversiones serían desatadas y satisfechas aquella tarde.
Mientras se paro para dejar el pocillo en la cocina tuve la oportunidad de observa su figura, se veía hermosísima, ella sabía cómo me gustaba verla vestida, que perfume de los que usa me encanta, como quiero que tenga el pelo, los labios rojos y un escote que no muestra pero invita sumergirse en sus tetas, me estaba volviendo loco, quería tomarla de la mano y arrastrarla al sofá donde me encontraba, quitarle la ropa y empezar a besarla omitiendo la boca, quería sentir su sudor, besarla en medio de su pecho mientras su latido se iba acelerando al tiempo que mi lengua jugaba con su pezón, todo esto pasaba en mi cabeza mientras ella regresaba a sentarse de donde se había levantado segundos antes, la tome de la mano y le dije que se hiciera a mi lado, ella accedió y lo hizo, la película cada vez se volvía más tediosa e insoportable, decidí acostarme en su regazo y continuar mirando la tv… no ver la película, sólo mirarlo, ninguno de los dos hablaba, éramos dos entes en silencio deseando que uno de los dos tomara la iniciativa, sabíamos que hacíamos allí, sabíamos él porque de esa cita, ya lo habíamos comentado un millón de veces, vamos a tirar, a follar, a tener sexo, nunca hacer el amor, eso está pasado de moda es para los papás, nosotros queríamos desahogar ese instinto carnal y luego despedirnos como dos desconocidos que pasaron una tarde de Domingo.
Una hora y no pasaba nada, de pronto   deje de ver el tv y me quedé observándola, sus tetas estaban encima de mi cabeza, bajó la mirada y preguntó que si me había aburrido, le dije que sí y seguí mirándola, el morbo se apoderaba de mi mente, bajó de nuevo la mirada y me dijo que ahora que hacíamos, solo atiné a seguir callado y verla… volví a mover mi cabeza y sus piernas a centímetros de mi boca, tomé posición fetal y empecé a mordisquearla, no decía nada, sentí como una de sus manos acariciaba mi cabeza mientras yo seguía en lo mío,  las caricias se hacían más fuertes y mis mordiscos también, luego su mano empezó a hundir mi cabeza en medio de sus piernas, las abrió lentamente y yo me iba sumergiendo en busca de aquello que había imaginado tantas veces en mi cabeza, mi lengua hizo su aparición, mojó mis labios, me detuve, me levanté del sofá y la tumbé boca abajo, moví su pelo para poder besar su cuello, olía delicioso, el sabor del sudor con el perfume dilató mis pupilas, nadie decía nada, ella era sumisa a mis caricias y besos, yo era sumiso a su piel, mis manos empezaron a acariciar su espalda, se fueron metiendo lentamente debajo de su blusa, mis dedos tenían vida propia, desapunté el sostén lo saqué y lo arrojé a metros, me quité la camisa y la levanté, no eran necesarias las palabras, sabíamos él porque estábamos allí, me hundí en sus tetas redondas, la excitación hacía su primer aparición, la respiración empezó a aumentar y cortarse, lo que viene a continuación lo recuerdo poco; mordiscos, besos, caricias, ropa afuera, mis dedos, mi lengua, mi boca dentro suyo, era más un carnaval de suspiros y gemidos que dos personas tratando de compenetrarse en el juego del sexo desconocido, esto era como si fuera la última vez que se tendría sexo porque después de aquel polvo el planeta entero estallaría y solo quedaría el olor que por milenios inundaría aquel sitio donde dos amantes que tuvieron su primer y último encuentro dejaron lo mejor y lo peor de sí mismos.
Siguiente parada, la cama, un sentimiento de culpa por algo que aún siendo deseado no debía suceder, pero paso! Ahora venía la despedida, nadie hablaba, ella revoloteaba por toda la casa buscando su ropa, él encendía un cigarro y hacía círculos, ella aparece de nuevo en el cuarto en ropa interior y el no aguanta lo que ve, se levanta de la cama, arroja el cigarro por la ventana, se abalanza sobre ella y la tira a la cama con odio y deseo, son su mirada le dice: “usted es mía y yo soy suyo, así que de acá no se va hasta que uno de los dos no pueda más”
Las horas pasan pero para nosotros el tiempo está intacto, no pasa, solo traspira, gime y se revuelca, de lejos ha sido el mejor polvo de mi vida, de lejos será el último ya que después de esto no volveremos a cruzar palabra alguna, todo quedará allí, será como todo lo que ha pasado con ella, recuerdos y ya, pide un taxi y ninguno se despide, allí termina todo, allí muere lo que nunca nació.
 “Naranjas! exclamé como quién pierde” (Velandia y la Tigra)       


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